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22 fevereiro 2008

Por qué la infografía salvará al periodismo


'VisualMente'. A polémica surgiu e difundiu-se na blogosfera, tendo o ‘Infografando’, de Mário Cameira, já assinalado a discussão.
Foi no blogue 'VisualMente', do argentino Norberto Baruch, que Javier Errea, presidente da SND-E, capítulo espanhol da Society for News Design, publicou o post ‘Por qué la infografía salvará al periodismo’. A controvérsia já levou o próprio Norberto Baruch a responder no 'eBlog'. Publicam-se aqui ambos os textos.


‘Por qué la infografía salvará al periodismo’ por Javier Errea. ¿Te imaginas un artículo editorial sin palabras? ¿Y una crónica política en forma de cómic? ¿Se podría informar de una junta de accionistas de un banco empleando tan sólo preguntas y respuestas, y una ficha al margen con puntuaciones a modo de recomendaciones cinematográficas?

Si eres de los que se llevan las manos a la cabeza porque consideras que este tipo de periodismo no es serio ni confiable, este texto-propuesta no te va a interesar nada. Siento decirte que, seguramente, estás contribuyendo además a acelerar el final de los periódicos. Si tienes alguna duda, al menos, dame una oportunidad. Y si te intriga este reto —porque, en el fondo, de eso se trata—, ayúdame a propagarlo.

Vivimos tiempos atribulados en el periodismo. Mejor dicho, en la prensa, en los medios impresos. Se tienen pocas certezas y mucho miedo. Lo malo es que, ante semejante panorama, las medidas que las empresas informativas se siguen empeñando en tomar son sólo defensivas: por ejemplo, convergencia con la boca pequeña para disimular el habitual recorte de gastos o menús informativos absolutamente previsibles.

Nunca me ha gustado pontificar. Hay que estar en la sala de máquinas para saber qué es eso de armar un diario cada día. Es fácil hablar. Lo difícil es… Pero sí estoy convencido de que el rumbo que sigue nuestra nave conduce directamente al iceberg del Titanic periodístico.

¿Qué hacer? ¡Ay, quién tuviera una bola de cristal! Pero coincideréis conmigo en que en las redacciones, al menos en las redacciones de los medios off line, hay poca autocrítica y bastante autocomplacencia: somos —piensan, pensamos— depositarios del periodismo de calidad, y ese nunca podrá hundirse. Cuando en congresos y foros y libros e informes se aborda la inminente muerte de los periódicos, con fecha y todo, en las redacciones apenas suena voz de alarma ninguna. Eso es cosa de los que ponen la pasta, de los empresarios, del director a lo sumo: ellos sabrán. ¿Exagero mucho si digo que éste es comentario común de Los Ángeles a Vladivostok?

Poca reflexión periodística he escuchado yo en las redacciones, y bien que lo siento. Casi siempre la culpa es de otros, del ambiente, como si la resignación se hubiera apoderado de todos, en el mejor de los casos. Porque, insisto, yo diría que más que resignación ante el choque con el iceberg lo que reina es una endémica inconsciencia. Estamos adormecidos. Más allá de algunos tópicos manidos desde hace años, ¿me podríais decir alguna receta periodística, algo, que haya surgido de abajo arriba?

Pues bien, y sin ánimo de parecer presuntuoso, sólo una respuesta desde abajo, una respuesta periodística, llena de coraje, puede salvar hoy los diarios impresos y hacerlos valiosos, necesarios, ¿por qué no?, divertidos. Y esa respuesta, en mi opinión, la está ofreciendo desde hace años la infografía.

Atención a la tesis: sólo la infografía salvará los periódicos.

¿Por qué digo esto? Pues porque la infografía ofrece todas las herramientas para acabar con la fórmula clásica de hacer periodismo: Información=Título+Texto+Foto. Esta fórmula sirvió durante muchos años. Ha sido como un mecanismo de seguridad para periodistas de todo pelaje y condición. Nuestro el libro de ruta. Que, sin embargo, ha acabado por uniformizar la manera de contar la realidad, sometiéndola a los estrechos márgenes de la narrativa textual.

¿Tú crees que es posible contar de la misma forma una guerra y un partido de fútbol? ¿No piensas que el tono con el que hay que aproximarse a ambas realidades es radicalmente distinto, y que ese ser distinto no puede limitarse a la narración con palabras?

En el mundo actual, con la sociedad actual y todo lo que la rodea, pensar en este periodismo unívoco y corto de miras es condenar a los diarios impresos al iceberg. Los lectores huyen porque no contamos las historias que demandan… pero también porque no las contamos como las demandan. El problema no es sólo el qué, como se ha venido diciendo, sino también, y al mismo nivel, el cómo.

Claro que para que la infografía pueda contaminar la narrativa periodística y ampliar sus horizontes casi ilimitadamente hay que aceptar que la ortodoxia no existe. Desde la experiencia de varias ediciones de los Premios Malofiej de Infografía, pienso en el concepto estrecho que se ha manejado del género: cualquier atisbo de decoración gratuita se ha criticado duramente por no atenerse a las reglas de los clásicos. He escuchado muchas veces la frase mágica: “Eso no es infografía”. Era como mentar la bicha. Quien la pronunciaba se imbuía de una autoridad emanada del cielo infográfico, y desde esa autoridad se desacreditaban muchos trabajos de colegas. Me incluyo, ¿eh?

Viene sucediendo, en cambio, de un tiempo a esta parte, que los distintos jurados de los Malofiej comienzan a reconocer valores infográficos y —más importante— comunicativos a trabajos antes denostados. ¿Resultado? Repasad algunas de las más recientes medallas de oro y veréis. Hasta hace bien poco era impensable que gráficos como los que presentan las revistas de la brasileña Editora Abril (Mundio Estranho, Saúde, Superinteresante…) ganaran ningún premio. Hoy arrasan. Ya no sólo es la línea sobria y ortodoxa de The New York Times la única válida, ni mucho menos. Hay otras igualmente válidas. Esto no quiere decir que el gran diario norteamericano esté equivocado; al contrario. Simplemente, significa que hay muchas vías y que el mestizaje y el eclecticismo que caracterizan nuestro mundo han acabado por impregnar también a la infografía. Imaginad si esto es así que hasta el propio The New York Times viene experimentando de un tiempo a esta parte con —entre otros— los llamados op&ed charts… Internamente, no las tienen todas consigo: sé positivamente que dentro de la sección de infografía del Times hay diferencia de criterios. El futuro, sin embargo, es ecléctico. Nos guste o no.

Estudios científicos como el desarrollado por la Universidad de Lund (Suecia), presentado en una edición reciente de los Malofiej, demuestran que la infografía es el género que por más tiempo atrapa a un lector en la página. Por su naturaleza y por sus características, los gráficos atraen la curiosidad de los lectores, que entienden bien ese lenguaje fragmentado y tremendamente visual. ¿Por qué no aplicar entonces el mestizaje de esta nueva era de la infografía a la forma de contar las noticias?

Algunos diarios son hoy conocidos por haber rotos esquemas. Liberation, en Francia, primero, más tarde Correio Braziliense en Brasil o The Independent en el Reino Unido… decidieron un día poner patas arriba fundamentalmente sus portadas y emplear nuevos lenguajes con fuerte carga intencional o editorializante. Cifras, frases, fotos, gráficos, tablas, diagramas, cómic… Cualquier herramienta era válida. Sin embargo, pocos y en pocas ocasiones han dejado que este tsunami narrativo invadiera las páginas interiores. Ese es el gran reto. Y no una vez, ni en momentos especiales: siempre.

En fin, lo malo es que eso supone para las empresas informativas apostar sin miramientos por la calidad: frente a recortes y pasantes, plantillas con más experiencia, más nutridas y más cualificadas. ¡Algún truco tenía que tener la receta!


‘La infografía del chivo’ por Norberto Baruch. Cuando se discute si la infografía salvará a los diarios, qué es lo que realmente se discute. Para empezar por el principio sería bueno identificar a quiénes discuten. Supuestamente, de un lado y del otro, atrincherados, se ubican los periodistas y los otros. En el grupo de los otros se ubican, con distinta suerte, los fotógrafos, los diseñadores, los ilustradores y los infógrafos.

Por alguna razón extraña, dentro de los periódicos, sólo los periodistas se han convertido en únicos depositarios de algo parecido a la verdad y como elegidos de tal designio son los únicos capaces de poder reconstruirla. Esta recreación del mito de la caverna de Platón se encuentra hoy bastante desvalorizada. Por eso, los periódicos necesitan ser salvados.

Cuando el periodista se encuentra más tentado por escribir a favor de un producto que ha mostrado su bondad en la pauta pactada, que en la descripción de algún hecho sin mucha inversión, la prensa empieza a sangrar. Pero aún así los fotógrafos, los diseñadores, los ilustradores y los infógrafos deben enfrentar la dictadura de la palabra, a pesar de estar completamente vacía de contenido. En cierta forma los fotógrafos, los diseñadores, los ilustradores y los infógrafos han ayudado para que esto, el periódico, continúe siendo lo que es: un soporte impreso para acompañar alegremente a la publicidad.

Pero, ¿cómo las víctimas terminan ayudando a su victimario? Por ejemplo, cuando la infografía asume un rol que consiste en ser un tapa agujeros, ya que no hay una fotografía o una ilustración para la página. Esos tapadores de baches editoriales son los infógrafos que se ven como simples pasadores de información, sin criterio propio ni espíritu crítico, y mucho menos, periodístico.

Pero también la fotografía puede ser complice de la dictadura del Word. Ella ha tenido mucho que ver en semejante autoritarismo de la palabra, con encuadres más parecidos al requerido por el carnet de club de barrio, que a un reportaje fotográfico. Y no nos olvidemos de los ilustradores que trabajan en las editoriales de diarios. La ilustración también tiene lo suyo, cuando los artistas se preocupan por caerle simpático al redactor para poder publicar una imagen tan linda como vacía. Si a eso le sumamos el trabajo de los nuevos diseñadores del Indesign, que no leen lo que maquetan, la mesa está servida para los que escriben.

Pero las dictaduras, históricamente, de tan soberbias que han sido, han sabido cometer graves errores. Hoy la publicidad escondida en textos periodísticos (el famoso logo de Movistar comenzando un título en un diario deportivo español, una doble página central de un suplemento deportivo con texto figurado porque una cerveza así lo requería, etc.) son atrocidades textuales.

Entonces, la pregunta cambia y ahora es quién salvará a los diarios de su muerte anunciada. Juguemos un poco y demos opciones de simple recordación visual para que nuestros lectores puedan contestar rápido. Los salvará:
a) La infografía
b) Los periodistas

Me inclino por la opción de la infografía. Nunca he visto a un grupo de profesionales con intenciones de sancionar una pieza editorial cuyo contenido pretendía sostener cierto interés periodístico, mientras ocultaba en realidad el interés comercial del periódico. Pero si vi esa sanción en un concurso sobre infografía que organizaba la Society For News Design. Una excelente infografía sobre el Nascar norteamericano fue descalificada por los jueces, ya que contenía el logo de la empresa que hacía el software con el que se había hecho el dibujo en 3D. La polémica la publicamos en VisualMente.

Todos hemos dejado la responsabilidad de los diarios en manos de los periodistas. Pero cuando el principal capital de los periódicos vale menos que el precio de tapa, la cosa se complica. En esta discusión, los términos están equivocados. Es bueno que los periodistas sepan escribir, pero más importante es que sepan decir algo parecido a la verdad. Las maestrías de periodismo que dan esos mismo diarios poco se interesan en otros géneros periodísticos como son las infografías. Pero lo más problemático es que sólo se preocupen porque esten al día con la cuota, para subir a la redacción.

Si entendemos a la infografía como dibujitos y al periodismo como chivo, los periódicos no necesitarán que nadie los salve. Ya serán papel barato para sostener la caja con las piedritas de los gatos.

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